dimarts, 15 de maig de 2012

Abrazando mi sombra


Yo soy imperfecta, y lo sé, y lo veo cada vez que alguien me hiere, porque en la herida, en el dolor, existe un bien y un mal, un bien que me representa y un mal que representa al agresor en ese momento, y sé que tal afirmación es falsa, porque no existe ni el bien ni el mal, sino cosas aprendidas y cosas por aprender. Yo sé en mi teoría que no soy buena, ni el otro es malo, yo sé en mi teoría que puedo aprender del momento y enseñar a la persona que me ha agredido que necesita aprender la lección tanto como yo, porque también sufre, porque si causa daño es que conoce muy bien lo que es el dolor, seguro que mucho mejor que yo y que no conoce la manera de liberarlo, porque si la conociera no causaría más daño, más bien ayudaría a las personas a liberarse del dolor por compasión porque en sus propio ser sabría lo que representa y además sabría que a través de la compasión. Él mismo se liberaría del dolor que pudiese tener acumulado.

Me sé imperfecta en mi limitación de no compadecerme del agresor, en el momento en el que me siento herida, y sin embargo compadecerme de mí persona, que es una muy vana actitud, pues a ambos hunde más en la miseria.

Y me reconozco profundamente imperfecta cuando me victimizo ante terceros, cuando le pongo cara y nombre al verdugo y reafirmo la situación que vivo o he vivido, pues me estoy atando al sufrimiento, me estoy excusando para liberar la sombra que llevo dentro y así que pueda campar libremente sin ánimo alguno de representar la verdad de mi Ser, sino más bien con el único propósito de hacerse más grande como sombra, de unirse a otras sombras y llorar sus propias penas una y otra vez, que es lo que hacen las sombras.

Así que como me reconozco imperfecta y sé donde reside mi imperfección, porque mi sombra me lo muestra, tantas veces como haga falta. Es insistente y dura. Está  llena de dolor, de miedo, de rabia, de soledad… y no se cansa de enseñármelo una y otra vez, en cuanto le doy la ocasión no tiene pereza de salir de su escondite y vaciar su basura emocional y mental.

Pero también se de mi luz y en ella me reconozco soberana, libre y amorosa, para amarme y abrazarme y abrazar y amar la sombra que llora, que tiene miedo, que necesita el amor que no encuentra en el exterior y por eso llora. Realmente lo que necesita es ser abrazada por su dueña, amada y reconocida, porque mi sombra necesita que me acerque a ella y que bajito al oído le diga, no te preocupes, no tienes que tomar el control de mi vida para que te tenga en cuenta, ya sé de tu existencia y la agradezco, porque es gracias a ti que se qué camino debo seguir para seguir creciendo como persona, me lo muestras siempre a través de la ira, de la pena, de la pereza, del miedo... Es gracias a ti que sé del dolor y por ello también se de empatía, y puedo acoger a la persona que sufre, pues tu me haces sabia en ese aspecto. Es gracias a ti sombra mía que sé de humildad porque jamás me podré poner por encima de nadie, porque siempre me acompañas y me limitas, me mantienes a la altura de toda la humanidad. Sombra mía te estoy profundamente agradecida porque cuando te miro y te abrazo y te reconozco como parte mía, sabes cuál es tu lugar, siempre muy lejos de donde mi amor se halle y muy cerca de donde se halle mi falta de madurez.
Sombra mía eres el dedo indicador de la viga en mi ojo, cuán necesaria que me resultas siempre en mi camino hacia mi realización personal.

3 comentaris:

  1. Hermosísima reflexión, me ha servido mucho a mí también. Gracias por publicarlo.

    ResponElimina
  2. Gracias a tí por tu comentario tan amable. Un abrazo

    ResponElimina